Dr. Alejandro Weber:
Por este medio quiero hacer de su conocimiento la razón por la que decidí operarme con usted, los síntomas que tenia y los resultados a un mes y medio después de la cirugía.
Hace 5 años fui operada por otro médico de una hernia inguinal del lado derecho, se me colocó una cono con malla prolene. Desde que salí de la cirugía comencé con un dolor distinto al que tenía cuando tenía la hernia, el cual se convirtió en un dolor crónico que soporté 5 años. Porque soporté tanto tiempo? Sencillo, porque diversos doctores lo referían a otros padecimientos ajenos a la cirugía. Los síntomas eran: Dolor crónico profundo en las costillas al respirar (sobre todo al despertar).
El médico me checó los riñones pensando en que el problema estribaba ahí, y un gastroenterólogo me diagnosticó colitis aunado a un tratamiento bastante costoso, prolongado y con éxito nulo.
Además tenía compresión con dolor arriba de la cicatriz en el momento de un orgasmo, por lo que el ginecólogo tuvo que descartar la posibilidad de un problema en mis ovarios por el tipo de síntomas.
También tenía dolor y disminución de la movilidad en la articulación que une el tronco con mi pierna. El traumatólogo me indicó radiografías y una tomografía descartando con estos estudios que tuviera daño o trauma en mi sistema óseo o muscular.
Tenía dolor en respuesta a la simple presión con mis dedos en la zona de la ubicación de la malla.
El gastroenterólogo que me operó descartó que fuera la malla excusándose en que era una malla muy sofisticada y tolerable para la mayoría de los pacientes y que el dolor en la región era producto de las adherencias propias de la cicatrización de la cirugía.
Tenía dolor al toser, dolor al pujar, dolor al estar mucho tiempo sentada…Dolor, dolor.
Y el último año se agregó una contractura crónica que subía hasta el cuello y bajaba por la parte trasera de mi pierna. Siendo por último diagnosticada con estrés y pasando por un sinnúmero de sesiones de: masajes, foco infrarrojo, fisioterapia con ultrasonido y prescrita de no hacer ejercicio de ningún tipo para no aumentar la “contractura” llevándome a una vida sedentaria y de muchos cuidados. En fin, mi estilo de vida y mi carácter sufrieron un cambio a raíz de vivir acostumbrada al dolor.
El traumatólogo que fue al último médico que visité, me recomendó pedir otra opinión de un gastroenterólogo, comentándome que el suponía que todos los síntomas apuntaban a un rechazo de la malla y el Dr. José Abel De La Peña me recomendó con usted, le confieso que tuve dudas de hacerme la cirugía porque usted dijo que no sabía con exactitud el procedimiento que me haría, que tenía que esperar hasta el momento de ver que era lo que realmente estaba pasando, pero me dio mucha confianza su honestidad y eso me ayudó a dar el paso.
Gracias, al día de hoy ha disminuido enormemente el dolor, el procedimiento que hizo pues… usted lo sabe mucho mejor que yo, a mi solo me queda agradecerle y esperar a mi total recuperación, deseando que esos dolores nunca regresen.